La rehabilitación del suelo pélvico presenta importantes diferencias según el tipo de cáncer. En próstata constituye ya una realidad asistencial consolidada, con programas de prehabilitación antes de la cirugía y tratamiento precoz tras la retirada de la sonda. Sin embargo, tres de cada cuatro mujeres con cáncer ginecológico no reciben atención especializada pese a la elevada prevalencia de secuelas funcionales; en el cáncer de vejiga escasean los estudios y protocolos específicos, sobre todo para pacientes con neovejiga y mujeres; y, en el cáncer de recto, la recuperación funcional sigue sin avanzar al mismo ritmo que los resultados quirúrgicos, con secuelas frecuentes como el síndrome de resección anterior baja.
Estos datos han sido trasladados por la Dra. Soraya Hijazi Vega, del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete y miembro de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), durante Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, recién celebrado Barcelona.
La SERMEF es la sociedad científica que agrupa a los médicos especialistas en Medicina Física y Rehabilitación de España y trabaja para mejorar la recuperación funcional, la autonomía y la calidad de vida mediante un abordaje integral y multidisciplinar.
En el marco del congreso, el Grupo de Trabajo de Suelo Pélvico celebró la mesa redonda titulada “Prehabilitación y rehabilitación del paciente oncológico en las unidades de suelo pélvico: ¿realidad o reto?”, moderada por la Dra. Ana Borobia Pérez, del Hospital Universitario La Paz de Madrid, y la Dra. Soraya Hijazi Vega, del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete.
La sesión reunió a especialistas de referencia en rehabilitación oncológica ginecológica, urológica y colorrectal, con el objetivo de analizar el papel actual de las unidades de suelo pélvico en la prevención y el tratamiento de las secuelas funcionales derivadas del cáncer y de sus tratamientos.
Un nuevo paradigma: del tratamiento de la secuela a la rehabilitación
Según ha explicado la Dra. Hijazi, uno de los principales mensajes de la mesa fue que “el aumento de la supervivencia oncológica ha puesto de manifiesto la necesidad de abordar de forma específica las secuelas funcionales que afectan al suelo pélvico. Las alteraciones urinarias, anorrectales y sexuales, así como el dolor pélvico crónico, repercuten significativamente en la calidad de vida de miles de pacientes supervivientes de cáncer”.
En este sentido, las ponentes coincidieron en que la Medicina Física y Rehabilitación “debe integrarse de manera precoz en los circuitos asistenciales oncológicos, no solo para tratar secuelas ya establecidas, sino también mediante estrategias de prehabilitación dirigidas a optimizar la capacidad funcional antes de los tratamientos quirúrgicos y oncológicos”.
Cáncer ginecológico: una necesidad asistencial infracubierta
Por su parte, la Dra. Nuria Pérez, del Hospital Universitari Mutua Terrassa, destacó que “aproximadamente tres de cada cuatro pacientes con cáncer ginecológico no reciben atención especializada en rehabilitación del suelo pélvico, pese a la elevada prevalencia de secuelas funcionales”.
“Entre las complicaciones descritas se encuentran la vejiga neurógena, la disfunción sexual, las alteraciones anorrectales y las secuelas derivadas de la radioterapia pélvica, como la estenosis vaginal o la cistitis rádica. La lesión del plexo hipogástrico inferior adquiere especial relevancia como mecanismo fisiopatológico común a muchas de estas alteraciones”, detalló.
La ponente subrayó, además, “la importancia de la valoración funcional precoz y de la estratificación del riesgo para identificar a las pacientes con mayor probabilidad de desarrollar secuelas y de beneficiarse de programas específicos de rehabilitación”. Asimismo, revisó los modelos organizativos existentes, incluidas las estrategias ERAS y RICA, y presentó experiencias nacionales de vías clínicas específicas de suelo pélvico oncológico.
Cáncer urológico: realidad en próstata, reto en vejiga
La Dra. Carmen Urbaneja Dorado, del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, analizó la evidencia actual en cáncer de próstata y de vejiga. En este contexto, la especialista afirmó que “en el paciente prostatectomizado, la rehabilitación precoz del suelo pélvico cuenta con una sólida base científica”. “La evidencia respalda la prehabilitación antes de la cirugía y el inicio temprano de programas supervisados tras la retirada de la sonda vesical. La combinación de ejercicios de la musculatura del suelo pélvico, biofeedback y electroestimulación ha mostrado los mejores resultados durante los primeros meses de recuperación”, ha aseverado.
Sin embargo, la Dra. Urbaneja hizo hincapié en que “la situación es muy diferente en el cáncer de vejiga”. La ponente destacó “la escasez de estudios y protocolos específicos, especialmente en pacientes portadores de neovejiga y en mujeres, que continúan siendo las menos derivadas a programas de rehabilitación”.
El mensaje principal de la doctora fue claro:” mientras que la rehabilitación del paciente con cáncer de próstata constituye ya una realidad asistencial consolidada, el cáncer de vejiga sigue representando uno de los grandes retos pendientes de la rehabilitación oncológica urológica”.
Cáncer colorrectal: la paradoja funcional del cáncer de recto
La Dra. Eva Moreno, del Hospital General de l’Hospitalet de Llobregat, abordó la situación del paciente con cáncer colorrectal, cuya incidencia continúa aumentando, especialmente entre los menores de 50 años.
La ponente destacó la denominada “paradoja funcional” del cáncer de recto. “Mientras los avances quirúrgicos han mejorado los resultados oncológicos y la preservación anatómica, la recuperación funcional no ha evolucionado al mismo ritmo”.
En el encuentro el síndrome de resección anterior baja (LARS), una de las secuelas funcionales más frecuentes tras la cirugía de recto, recibió especial atención. Se revisaron las herramientas de evaluación y estratificación del riesgo, así como los diferentes escalones terapéuticos disponibles, desde las modificaciones dietéticas y la rehabilitación del suelo pélvico hasta la irrigación transanal y la neuromodulación.
De esta forma, la especialista afirmó que “la evidencia presentada respalda la implementación de programas de prehabilitación multimodal iniciados antes de la cirugía, así como la rehabilitación específica antes y después del cierre de la ileostomía, con el objetivo de mejorar la continencia y la calidad de vida”.
Conclusiones: de la evidencia a la implementación
A lo largo de la mesa se identificaron varios puntos de consenso entre los tres ámbitos oncológicos:
- La prehabilitación mejora la recuperación funcional y debe incorporarse precozmente a la ruta asistencial del paciente oncológico.
- La estratificación del riesgo permite identificar a los pacientes que más se beneficiarán de una intervención especializada.
- La rehabilitación del suelo pélvico debe integrarse en los programas multidisciplinares de atención al cáncer.
- Persisten importantes diferencias organizativas entre hospitales y un acceso desigual a recursos especializados.
- Es necesario desarrollar protocolos asistenciales homogéneos y circuitos de derivación estructurados.
- Los participantes coincidieron en que el desafío actual ya no consiste en demostrar la utilidad de la rehabilitación oncológica, sino en garantizar que todos los pacientes puedan beneficiarse de ella, independientemente del centro en el que reciban tratamiento.
Desde el Grupo de Trabajo de Suelo Pélvico de SERMEF se puso de manifiesto “la responsabilidad de los especialistas en Medicina Física y Rehabilitación de liderar el desarrollo de protocolos consensuados, impulsar la investigación y favorecer la implantación de modelos asistenciales multidisciplinares que permitan ofrecer una atención equitativa y basada en la evidencia”.
Asimismo, se destacó la importancia de aprender de aquellos centros en los que estos programas ya están implantados y utilizar su experiencia como referencia para extender las buenas prácticas al conjunto del sistema sanitario. La conclusión final de la mesa fue contundente: “el reto ya no es demostrar que la rehabilitación oncológica aporta valor; el reto es conseguir que todos los pacientes tengan acceso a ella”.
