La ostra perlífera Pinctada radiata, considerada la primera especie invasora del Mediterráneo, está protagonizando una expansión generalizada por la cuenca occidental y ya ha sido detectada en diferentes puntos de las costas españolas. Una red coordinada por el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS-CSIC) ha realizado el estudio más completo hasta la fecha sobre la proliferación de este bivalvo, cuya presencia se extiende en España desde el sur de Cataluña hasta Almería.
El sistema de seguimiento cuenta con 132 puntos de medición distribuidos en ocho países: Argelia, Croacia, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia y España. Para realizar el seguimiento se utilizan colectores de larvas, unas mallas que proporcionan un sustrato en el que se asientan las larvas transportadas por las corrientes. En algunos lugares, estos dispositivos acumulan periodos de observación superiores a diez años.
Pinctada radiata es una ostra perlífera originaria del Mar Rojo y está considerada la primera especie que entró en el Mediterráneo después de la apertura del canal de Suez, en 1869. Además, figura entre las 100 especies invasoras más peligrosas del Mediterráneo por los impactos que puede ocasionar sobre la biodiversidad autóctona. El estudio está liderado por el IATS-CSIC y ha sido publicado en la revista Marine Environmental Research.
“La implantación de esta especie estaba ya descrita en el Mediterráneo oriental desde hace mucho tiempo. Lo que observamos ahora es que el Mediterráneo occidental experimenta actualmente una expansión generalizada, mientras que históricamente la especie estaba limitada a registros esporádicos y aislados”, explica Júlia García Colomé, investigadora del IATS y primera autora del trabajo. Los datos recopilados entre 2015 y 2024 muestran nuevos episodios de colonización, principalmente en el Mediterráneo occidental, incluida la costa española, y también en los mares Adriático y Egeo.
De Baleares a Almería
Los registros más antiguos obtenidos por esta red en las costas españolas se remontan a 2016 en las Islas Baleares. Desde allí, la especie se habría desplazado hacia otras zonas, entre ellas las Islas Columbretes, en Castellón. Los registros alcanzan Agua Amarga, en Almería, aunque por el momento no se han observado asentamientos más allá de este punto.
Precisamente, los colectores instalados en la reserva marina de las Islas Columbretes desde 2003 para estudiar la nacra (Pinna nobilis) permitieron comprobar que este sistema también podía utilizarse para analizar la proliferación de otros bivalvos.
“En Columbretes, la detectamos por primera vez en los colectores en 2020, pero no fue hasta 2022 cuando observamos su asentamiento en el medio natural”, recuerda Diego Kersting, investigador del CSIC en el IATS. Para Kersting, este desfase “confirma el potencial de esta red de colectores de larvas como sistemas de alerta temprana para la detección y el seguimiento de invasiones biológicas”.
La metodología permite, de este modo, detectar larvas años antes de que una especie llegue a implantarse en el medio natural. Los colectores son sencillos de construir, económicos y fáciles de instalar y revisar, además de permitir el seguimiento de áreas extensas. La red también monitoriza lugares de la Comunitat Valenciana como las aguas de la Sierra de Irta o el Cabo de San Antonio.
El aumento de la temperatura del Mediterráneo favorece su expansión
Los investigadores señalan el incremento de la temperatura del Mediterráneo como una de las principales causas de la expansión de esta especie tropical. Según los datos recogidos en la nota de prensa, este mar se calienta a un ritmo tres veces superior a la media global.
“Zonas más frías como el Golfo de León o el norte del Mar Adriático se mantienen aún libres de esta especie”, señala García Colomé. La situación difiere en áreas del Mediterráneo occidental como las costas españolas, donde se han registrado temperaturas de hasta 33 grados en Sa Dragonera, Mallorca. “En las Islas Columbretes, la temperatura ha aumentado 1,5 grados desde 1990”, advierte Kersting.
El investigador considera que “es necesario seguir utilizando esta red de colectores y dotarla de una financiación estable para detectar de forma temprana la llegada y expansión de especies invasoras, una herramienta clave para proteger los ecosistemas mediterráneos y reducir los importantes costes ambientales y económicos asociados a estas invasiones”.
Las estimaciones recogidas en el trabajo sitúan en 1.000 las especies invasoras presentes en el Mediterráneo, de las que unas 600 ya están establecidas. En el Mediterráneo oriental, la invasión de Pinctada radiata ha provocado el desplazamiento de especies autóctonas y repercusiones relevantes sobre la cadena trófica.
El estudio ha contado con el trabajo de más de 70 investigadores e investigadoras, junto con numerosas instituciones, organismos y administraciones dedicados a la gestión, conservación y seguimiento ambiental en distintos países mediterráneos.
