Mirar únicamente la edad de una persona mayor puede no ser suficiente para conocer cómo afrontará las semanas posteriores a un síndrome coronario agudo. Una investigación desarrollada en Málaga señala que evaluar también aspectos como la fragilidad física y el estado cognitivo puede ayudar a reconocer a los pacientes que necesitan una atención especialmente estrecha.
El estudio, publicado en el European Journal of Cardiovascular Nursing, siguió a 211 pacientes de 70 años o más ingresados por síndrome coronario agudo en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga. La investigación fue prospectiva y observacional y analizó qué relación existía entre diferentes indicadores geriátricos y la aparición de complicaciones durante los 30 días posteriores.
Los pacientes tenían una edad media de 77,5 años y fueron sometidos a varias evaluaciones sencillas que medían fragilidad, autonomía para las actividades cotidianas, estado cognitivo y carga de enfermedades asociadas.
Evaluaciones sencillas junto a las pruebas cardiológicas
Los investigadores utilizaron herramientas ya conocidas en geriatría.
La fragilidad se midió mediante la escala FRAIL; la autonomía funcional, con el índice de Barthel; el estado cognitivo, mediante el cuestionario de Pfeiffer; y las enfermedades concomitantes, con el índice de Charlson.
La particularidad es que estas evaluaciones pueden realizarse en poco tiempo y por personal sanitario entrenado, incluido el personal de enfermería.
El estudio plantea así una idea sencilla: complementar la información cardiológica tradicional con una mirada más amplia sobre la situación real de cada persona mayor.
No todas las personas de 75 u 80 años presentan el mismo nivel de autonomía, capacidad física o funcionamiento cognitivo. Esas diferencias pueden resultar relevantes a la hora de planificar cuidados, seguimiento y recuperación.
Tres de cada cuatro pacientes con fragilidad y deterioro cognitivo presentaron algún evento adverso
Durante los primeros 30 días, 69 de los 211 pacientes —aproximadamente un 33 %— presentaron al menos un acontecimiento clínico adverso. Entre los eventos analizados se encontraban hemorragias moderadas o graves, infecciones, insuficiencia cardiaca, arritmias, nuevos episodios coronarios, ictus, daño renal agudo y fallecimiento.
El resultado más llamativo apareció entre quienes presentaban simultáneamente fragilidad y deterioro cognitivo.
En ese pequeño subgrupo, el 72,7 % experimentó al menos un evento adverso durante los primeros 30 días, frente al 25,2 % entre los pacientes que no presentaban ninguna de las dos condiciones.
Esto no significa que la fragilidad o el deterioro cognitivo provoquen directamente esas complicaciones. El estudio es observacional y demuestra una asociación, no una relación de causa y efecto. Además, fue realizado en un único hospital, circunstancia que los propios autores señalan como una limitación para generalizar automáticamente sus resultados a todos los pacientes mayores.
El deterioro cognitivo conservó una asociación independiente
Cuando los investigadores ajustaron los resultados teniendo en cuenta edad, sexo, índice de masa corporal y las distintas variables geriátricas, el estado cognitivo fue el indicador que mantuvo una asociación independiente con los acontecimientos adversos a 30 días.
La fragilidad también mostró una relación significativa en los análisis iniciales y volvió a aparecer junto al deterioro cognitivo en un modelo exploratorio más reducido.
Por ello, los investigadores consideran que incorporar evaluaciones breves de estas dimensiones podría complementar los métodos actuales de estratificación del riesgo cardiovascular.
El trabajo encontró además algunas diferencias en las características de las arterias coronarias de los pacientes con ambas condiciones, pero los propios autores califican esos resultados angiográficos como exploratorios y consideran que deben confirmarse en nuevas investigaciones.
Una información adicional para personalizar los cuidados
El valor práctico del estudio está en la posibilidad de detectar vulnerabilidades que no siempre quedan reflejadas en una analítica, un electrocardiograma o la edad cronológica.
Una persona mayor con dificultades cognitivas o fragilidad puede necesitar, por ejemplo, un seguimiento más estrecho después del alta, mayor apoyo para comprender y seguir la medicación, una planificación individualizada de la rehabilitación o una coordinación reforzada entre profesionales sanitarios y familiares.
Los autores apuntan precisamente a que estas evaluaciones breves podrían integrarse en la atención rutinaria y apoyar la toma de decisiones multidisciplinar.
Por qué esta noticia es importante
El avance no consiste en una nueva medicina o una nueva intervención tecnológica, sino en conocer mejor a la persona que se está tratando.
Dos pacientes de la misma edad pueden tener situaciones físicas y cognitivas completamente diferentes. Incorporar esa información a la valoración cardiológica podría ayudar a identificar antes a quienes necesitan más apoyo durante una etapa especialmente delicada: las primeras semanas después de un síndrome coronario agudo.
Serán necesarios estudios multicéntricos y con poblaciones más amplias para confirmar hasta qué punto este enfoque mejora la predicción del riesgo y, sobre todo, si utilizarlo para adaptar los cuidados termina traduciéndose en mejores resultados clínicos.
