Una flecha amarilla puede indicar por dónde continúa el Camino de Santiago. Pero no dice si unos kilómetros más adelante aparecerá una pendiente complicada para una persona con movilidad reducida, si el firme será practicable con una silla de ruedas o qué dificultades puede encontrar un peregrino con discapacidad sensorial.
Para eso hace falta algo más que una señal. Hace falta información.
Ese es uno de los aspectos más interesantes de «Camino + Accesible», una iniciativa que llevará a 20 personas con discapacidad, acompañadas por otras 10, a recorrer el Camino de Santiago entre Logroño y Burgos.
La experiencia pone sobre el terreno una idea cada vez más importante en materia de accesibilidad: un lugar no se hace más accesible ocultando sus dificultades, sino identificándolas, explicándolas y ofreciendo información para poder afrontarlas.
20 peregrinos con discapacidad rumbo a Burgos
La iniciativa, impulsada por Fundación ONCE con la colaboración de Correos, tiene como escenario un tramo del Camino Francés.
Tras su presentación en Logroño, el grupo comenzará el recorrido hacia Burgos.
La participación de personas con discapacidad permite visibilizar una realidad que afecta también al turismo, al ocio y al patrimonio cultural.
Recorrer el Camino no consiste únicamente en desplazarse de una localidad a otra. Hay senderos, desniveles, diferentes tipos de firme, cruces, carreteras, accesos a poblaciones y numerosos elementos que pueden modificar radicalmente la experiencia dependiendo de las capacidades y necesidades de cada peregrino. Por eso, hablar de un Camino accesible exige conocer el terreno.
Una etapa puede tener una dificultad física de 4 sobre 6
Fundación ONCE dispone de una plataforma específica que proporciona información sobre la accesibilidad de diferentes etapas del Camino de Santiago. Los datos permiten comprobar que todavía existen dificultades significativas.
La etapa entre Logroño y Nájera, por ejemplo, presenta una valoración de 4 sobre 6 en dificultad física para personas con movilidad reducida.
El tramo entre Los Arcos y Logroño alcanza también una dificultad física de 4 sobre 6 y presenta una valoración de 3 sobre 6 en el apartado sensorial.
Estos datos son importantes porque muestran que el objetivo no puede reducirse a colocar una etiqueta de «accesible» sobre el Camino.
La realidad es bastante más compleja. Una etapa puede resultar asumible para una persona y necesitar importantes apoyos para otra.
La accesibilidad también consiste en saber qué encontrarás
Imagine dos peregrinos ante la misma pendiente. Para uno puede representar simplemente un tramo más exigente de la jornada.Para otro puede determinar si necesita ayuda de otra persona, una silla adaptada, modificar el itinerario o incluso buscar una alternativa.
La barrera física es la misma. Lo que cambia radicalmente es la posibilidad de conocerla antes de llegar.
Por eso, disponer de información detallada sobre pendientes, firme, obstáculos o dificultades sensoriales puede convertirse en una herramienta de autonomía.
Permite que sea la propia persona quien valore el recorrido, prepare los apoyos necesarios y tome decisiones con información previa. En ese sentido, mapear una barrera no la elimina, pero evita que sea una sorpresa.
Accesibilidad no significa solamente silla de ruedas
Existe además otro riesgo habitual cuando se habla de turismo accesible: identificar discapacidad exclusivamente con movilidad reducida.
Las necesidades son mucho más diversas.
Una persona con discapacidad visual puede necesitar información y apoyos diferentes a los de una persona usuaria de silla de ruedas.
Lo mismo sucede con personas con discapacidad auditiva, intelectual o con otras necesidades específicas.
De ahí la importancia de que el análisis de los recorridos no se limite exclusivamente a las barreras arquitectónicas.
La información sensorial incluida en las etapas del Camino responde precisamente a esa visión más amplia de la accesibilidad.
Caminar sin cargar con todo el equipaje
Otro elemento que puede facilitar el recorrido es el transporte de mochilas. Correos participa en la iniciativa y dispone de Paq Mochila, un servicio que transporta el equipaje de los peregrinos entre los alojamientos de las diferentes etapas.
No se trata de un recurso creado específicamente para personas con discapacidad. Está disponible para los peregrinos en general.
Sin embargo, dentro de una experiencia de Camino accesible puede resultar especialmente útil para personas para las que transportar varios kilos durante kilómetros supone una dificultad añadida.
Es un buen ejemplo de cómo un servicio diseñado para toda la población puede adquirir un valor especial cuando se contempla desde la accesibilidad.
El Camino todavía tiene barreras
La iniciativa tampoco debería llevarnos a una conclusión equivocada. El Camino de Santiago no se ha convertido de repente en un recorrido completamente accesible para todas las personas.
Las propias evaluaciones disponibles demuestran que continúan existiendo etapas con dificultades importantes. Y precisamente reconocerlo hace más valioso el proyecto.
El objetivo no debería ser transmitir que cualquier persona puede recorrer cualquier tramo sin dificultades, sino aumentar progresivamente las posibilidades de participación y proporcionar información fiable sobre las condiciones existentes.
La accesibilidad real comienza por conocer esas condiciones.
Una información que puede ayudar al siguiente peregrino
El valor de este tipo de iniciativas tampoco termina cuando el grupo llegue a Burgos. La experiencia acumulada, los mapas de accesibilidad y la información sobre las etapas pueden resultar útiles para otras personas con discapacidad que se planteen realizar el Camino en el futuro.
Antes de preparar una mochila podrán consultar las características del recorrido. Antes de elegir una etapa podrán conocer sus dificultades. Y antes de encontrarse con una barrera podrán valorar qué apoyo necesitan. Eso convierte la información en algo más que una descripción turística. La convierte en una herramienta para decidir.
Por qué esta noticia es importante
Durante siglos, millones de personas han recorrido el Camino de Santiago por motivos religiosos, culturales, deportivos o personales.
Hacer posible que más personas puedan participar de esa experiencia exige algo más que buenas intenciones.
Requiere analizar kilómetros de caminos, detectar obstáculos, ofrecer información comprensible, desarrollar servicios de apoyo y continuar eliminando barreras allí donde sea posible.
Los 20 peregrinos que recorrerán el tramo entre Logroño y Burgos contribuirán a dar visibilidad a ese proceso.
Pero probablemente la idea más interesante de «Camino + Accesible» no sea demostrar que no existen barreras. Es exactamente la contraria.
Las barreras existen. Identificarlas es el primer paso para poder afrontarlas y, algún día, eliminar muchas de ellas.
Porque un Camino más accesible no es aquel que promete que todo será fácil. Es aquel que permite a cada persona saber qué encontrará antes de empezar a caminar.

