¿Qué significa realmente escuchar música?
Para muchas personas la respuesta parece evidente: percibir sonidos, reconocer una melodía, distinguir instrumentos o emocionarse con una canción.
Pero la pregunta cambia cuando quien intenta responderla ha perdido la audición.
La investigadora Claudia Elizabeth Goyes Yepez, de la Universitat Politècnica de València (UPV), conoce esa experiencia personalmente. Tiene una discapacidad auditiva sobrevenida y utiliza implantes auditivos.
Las dificultades que encontró para acceder plenamente a la música terminaron convirtiendo una experiencia personal en una pregunta científica:
¿podemos diseñar una experiencia musical que no dependa exclusivamente del oído?
De esa cuestión nace VIBRA, un proyecto de investigación desarrollado desde Human Tech-UPV que estudia diferentes herramientas para hacer la música más accesible a las personas con discapacidad auditiva.
La música también puede llegar a través del tacto
Uno de los elementos más llamativos del proyecto es un chaleco vibratorio. El dispositivo permite transformar determinados componentes del sonido en vibraciones sincronizadas con la música que pueden percibirse físicamente sobre el cuerpo.
El objetivo no es afirmar que el tacto sustituya al oído. La investigación plantea algo diferente: estudiar si la combinación de distintos estímulos y herramientas puede enriquecer la experiencia musical de las personas sordas. Y el chaleco es solamente una de ellas.
VIBRA analiza también recursos como subtitulado, interpretación en lengua de signos y bucle magnético, junto con diferentes estímulos multisensoriales.
La pregunta deja entonces de ser únicamente cómo hacer audible una pieza musical. Pasa a ser cómo construir una experiencia cultural capaz de utilizar diferentes vías de percepción.
Un piano, cinco piezas y varios caminos para sentirlas
Las pruebas del proyecto incorporan música interpretada específicamente dentro de la experiencia experimental.
El pianista y pedagogo Antonio Morant participa con cinco piezas musicales y en el proyecto interviene también el Coro VozNColor.
Mientras suena la música, los participantes pueden recibir simultáneamente distintos tipos de estímulos y apoyos.
Una persona puede percibir vibraciones mediante el chaleco.
Puede seguir información visual.
Puede contar con interpretación en lengua de signos.
O utilizar tecnologías de apoyo auditivo.
El propósito científico es estudiar cómo influyen estos elementos en la experiencia.
Biosensores para estudiar la emoción
Pero los investigadores no se limitan a preguntar a los participantes si les ha gustado más o menos el concierto.
VIBRA incorpora biosensores para registrar respuestas fisiológicas vinculadas a la experiencia emocional.
Posteriormente, esos datos se complementan con cuestionarios que permiten conocer cómo han percibido los participantes la experiencia multisensorial y qué grado de satisfacción han experimentado.
La combinación de mediciones fisiológicas y respuestas subjetivas busca proporcionar una imagen más completa de lo que sucede durante la experiencia musical.
Investigar con las personas sordas, no solamente para ellas
Otro elemento relevante del proyecto es la participación de organizaciones vinculadas directamente con las personas con discapacidad auditiva.
La Federación de Personas Sordas de la Comunidad Valenciana (FESORD CV) colabora aportando interpretación en lengua de signos.
También participa la Asociación de Implantes Cocleares de la Comunidad Valenciana, que ha colaborado en la incorporación del bucle magnético.
A ello se suma la participación de Fundación Music for All, que ha facilitado tecnología vibrotáctil para las pruebas, así como la colaboración de profesionales sanitarios.
Entre ellos se encuentra el otorrinolaringólogo Carlos de Paula Vernetta y profesionales relacionados con el Hospital Universitario y Politécnico La Fe y MED-EL Madrid.
El resultado es una investigación situada en la intersección de varias disciplinas: tecnología, salud, música, accesibilidad y experiencia de usuario.
De una dificultad personal a una pregunta científica
La historia de VIBRA tiene además una característica que la diferencia de muchos proyectos tecnológicos.
La pregunta no surgió exclusivamente en un laboratorio. Nació también de una barrera experimentada personalmente por su investigadora.
Tras perder audición, Claudia Goyes tuvo que enfrentarse a una realidad que millones de personas apenas se plantean: gran parte de nuestra oferta cultural continúa diseñada dando por supuesto que todos percibimos el mundo de la misma manera.
Un concierto es probablemente uno de los ejemplos más evidentes. Si toda la experiencia está construida alrededor del sonido, ¿qué ocurre con quien no puede percibirlo de la misma forma?
VIBRA intenta explorar otras posibilidades. No busca eliminar la música. Busca ampliar las formas de acceder a ella.
El horizonte: una experiencia musical todavía más inmersiva
La investigación contempla además posibilidades futuras. Entre ellas está avanzar hacia una experiencia de concierto accesible mediante realidad virtual, en la que pudieran integrarse diferentes elementos multisensoriales.
Por ahora es un objetivo de desarrollo, no un producto terminado. Y esa diferencia es importante.
VIBRA no ha encontrado todavía una fórmula universal para que todas las personas sordas experimenten la música del mismo modo.
Probablemente tampoco exista una única solución, porque la discapacidad auditiva engloba situaciones y necesidades muy diferentes.
Lo que sí está haciendo el proyecto es formular científicamente una pregunta que durante mucho tiempo apenas estuvo presente en el diseño de muchas experiencias culturales.
Por qué esta noticia es importante
La accesibilidad suele imaginarse como una adaptación que se incorpora cuando un producto, edificio o servicio ya está terminado. VIBRA propone otra perspectiva.
Preguntarse desde el propio proceso de investigación cómo pueden participar personas que perciben el mundo de maneras diferentes.
Y hay algo especialmente valioso en el origen de este proyecto. Una investigadora encontró una barrera. Podría haberse quedado simplemente en una dificultad personal. En cambio, la convirtió en una pregunta. Después convirtió esa pregunta en investigación.
Y ahora esa investigación intenta descubrir nuevas maneras de hacer algo tan humano como disfrutar de la música.

