Proteger un bosque, recuperar conocimientos tradicionales, mejorar el aprovechamiento de los recursos naturales o impulsar una actividad turística compatible con el paisaje pueden parecer iniciativas muy diferentes. En las Reservas de la Biosfera de Castilla y León forman parte, sin embargo, de una misma estrategia: conservar territorios de extraordinario valor natural sin separarlos de las personas que viven y trabajan en ellos.
Un total de 141 proyectos están materializando esa idea con una financiación de alrededor de 8,8 millones de euros. Las ayudas fueron concedidas en 2023 y, según el balance dado a conocer por la Junta de Castilla y León, su grado de ejecución económica alcanza ya el 90 %. Las actuaciones están promovidas por administraciones locales, empresas, particulares y entidades sin ánimo de lucro, una diversidad que permite que los fondos lleguen a iniciativas de características y dimensiones muy distintas.
Los datos fueron presentados durante la reunión del Comité Español del Programa Hombre y Biosfera (MaB) de la UNESCO celebrada en La Palma. Más allá de las cifras presupuestarias, el balance permite observar cómo el concepto de Reserva de la Biosfera se traslada a actuaciones concretas en territorios rurales donde la conservación de la naturaleza convive diariamente con agricultura, ganadería, actividad forestal, turismo, pequeños negocios y patrimonio cultural.
Proteger la naturaleza manteniendo vivos los territorios
Los proyectos financiados abarcan ámbitos como la conservación de la biodiversidad y los recursos naturales, la gestión forestal, el turismo sostenible, la protección del paisaje y del patrimonio cultural o el aprovechamiento agroecológico. También existen actuaciones relacionadas con la recuperación de conocimientos tradicionales, la utilización más eficiente de materias primas y el impulso de actividades económicas con una menor huella de carbono.
Esta combinación responde a la propia filosofía de las Reservas de la Biosfera. A diferencia de otros modelos de protección centrados fundamentalmente en preservar determinados ecosistemas, estos territorios buscan compatibilizar la conservación con la presencia y actividad de las comunidades locales. Los pueblos, las explotaciones agrarias, los montes gestionados, las pequeñas empresas o las actividades turísticas forman también parte de un paisaje que ha evolucionado durante generaciones.
La participación de distintos tipos de beneficiarios refuerza ese enfoque. Que entre los promotores haya ayuntamientos, organizaciones sociales, empresas y particulares permite abordar necesidades que difícilmente podrían resolverse mediante una única gran actuación. En unos lugares la prioridad puede encontrarse en conservar un hábitat; en otros, en mejorar el aprovechamiento sostenible del monte, recuperar patrimonio o desarrollar una actividad económica vinculada a los recursos propios del territorio.
Castilla y León cuenta actualmente con diez Reservas de la Biosfera integradas en la Red Española: Picos de Europa, Argüellos, Alto Bernesga, Valles de Omaña y Luna, Babia, Valle de Laciana, Ancares Leoneses, Meseta Ibérica, Sierras de Béjar y Francia y Real Sitio de San Ildefonso-El Espinar. En conjunto reúnen algunos de los paisajes de montaña, bosques, valles y territorios rurales más singulares de la comunidad.
La conservación también puede generar oportunidades
La dimensión económica y social resulta especialmente relevante en una comunidad en la que numerosos municipios rurales afrontan desde hace años problemas de envejecimiento y pérdida de población. Mantener actividad en estos territorios requiere oportunidades compatibles con unos recursos naturales que constituyen precisamente una de sus principales fortalezas.
El turismo responsable, la producción agroecológica, la gestión sostenible de los bosques, la valorización de productos locales o la conservación del patrimonio pueden contribuir a esa relación entre protección y economía rural. No se trata únicamente de preservar un paisaje para que permanezca intacto, sino de encontrar formas de utilizar sus recursos sin comprometer aquello que lo hace valioso.
Los conocimientos tradicionales tienen también un espacio dentro de las actuaciones financiadas. Prácticas vinculadas durante generaciones al monte, la agricultura, la ganadería o el aprovechamiento de determinados recursos forman parte del patrimonio de estos territorios y pueden aportar soluciones que conecten experiencia local y nuevas formas de gestión sostenible.
El balance conocido ahora permite además observar el recorrido de una inversión que comenzó con la concesión de las ayudas en 2023. Con un 90 % de los fondos ya ejecutados, los 8,8 millones de euros se han ido transformando en numerosos proyectos distribuidos por los territorios vinculados a las Reservas de la Biosfera.
Detrás de esa cifra hay una idea que resulta especialmente significativa para el futuro del medio rural: conservar la naturaleza y mantener vivos los pueblos pueden formar parte del mismo proyecto. Cuando la protección ambiental incorpora a quienes habitan el territorio, el bosque, el paisaje, las actividades tradicionales y la economía local dejan de contemplarse como elementos separados y pasan a formar parte de una misma estrategia de futuro.
Por qué esta noticia es importante
Las Reservas de la Biosfera muestran que la protección ambiental puede desarrollarse junto a iniciativas económicas y sociales vinculadas al territorio. Los 141 proyectos permiten llevar esa filosofía a actuaciones locales relacionadas con biodiversidad, patrimonio, aprovechamiento sostenible de recursos y oportunidades para el mundo rural.

