lunes, mayo 25, 2026
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Un estudio español demuestra que la terapia posicional permite que dos de cada tres pacientes con apnea obstructiva del sueño posicional mantengan bajo control la enfermedad sin tratamiento activo: “no solo es eficaz, sino que también se tolera mejor que la cpap”

La apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno crónico de alta prevalencia caracterizado por el colapso repetido de las vías respiratorias durante el sueño, lo que provoca desaturación de oxígeno y fragmentación del sueño. Este trastorno, si no se trata, se asocia con complicaciones cardiovasculares y neurocognitivas, y representa una importante carga para la salud pública.

La apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno crónico de alta prevalencia caracterizado por el colapso repetido de las vías respiratorias durante el sueño, lo que provoca desaturación de oxígeno y fragmentación del sueño. Este trastorno, si no se trata, se asocia con complicaciones cardiovasculares y neurocognitivas, y representa una importante carga para la salud pública. Hasta la fecha, el tratamiento estándar de primera línea es la CPAP, una máquina que usa presión de aire leve para mantener las vías respiratorias abiertas al dormir. Sin embargo, como explica la doctora Irene Cano Pumarega, coordinadora de la Unidad Funcional de Sueño y Epilepsia del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, la eficacia de la CPAP en el mundo real “se ve limitada por la baja adherencia, ya que hasta un 40% de los pacientes no la utilizan adecuadamente”.

Teniendo en cuenta que una gran proporción de pacientes con AOS (entre la mitad y tres cuartas partes) padece lo que se conoce como apnea obstructiva del sueño posicional (AOSP), en la cual los eventos de colapso de las vías respiratorias ocurren predominantemente en la posición de decúbito supino (boca arriba), desde el Hospital madrileño pusieron en marcha el Estudio PAVLOV, un ensayo clínico llevado a cabo en 12 hospitales españoles para comprobar la eficacia de los conocidos como dispositivos posicionales, unos dispositivos que monitorean la posición del cuerpo de los pacientes y emiten una suave vibración cuando éstos se giran sobre su espalda y duermen boca arriba. Este estímulo incentiva a los pacientes a cambiar a una posición lateral sin llegar a despertarse por completo.

La hipótesis de los autores del estudio, liderados por la doctora Irene Cano, era que, con el tiempo, esta retroalimentación repetida podría entrenar a los pacientes para evitar la posición supina de forma espontánea, introduciendo un componente conductual que no está presente en la CPAP ni en ninguno de los tratamientos actuales para la apnea obstructiva del sueño (AOS), que son efectivos únicamente mientras se utilizan de forma activa, lo que, según la investigadora, “genera una dependencia de los dispositivos a largo plazo y desafíos relacionados con la adherencia”.

Los resultados del estudio, que fue premiado como mejor trabajo científico en la última edición del Congreso de la Sociedad Española del Sueño (SES), celebrado en el mes de marzo en Granada, validan la hipótesis de sus autores. Por un lado, los hallazgos sugieren que la terapia posicional podría representar una opción de tratamiento de primera línea para una proporción sustancial de pacientes con AOS posicional. “Observamos que la terapia posicional no solo fue eficaz —comparable a la CPAP— sino que también fue mejor tolerada, lo que respalda su papel como una alternativa valiosa para los pacientes que tienen dificultades con la adherencia a la CPAP”, argumenta la miembro de la SES.

Por otro lado, en lo que es el hallazgo más importante del estudio, los investigadores comprobaron que, a diferencia de la CPAP, la terapia posicional parecía inducir un cambio conductual. Tras solo seis meses de uso de estos dispositivos, más de dos tercios de los pacientes mantuvieron el control de la enfermedad sin ningún tratamiento activo, y este efecto persistió hasta un año después de la interrupción del tratamiento con los dispositivos posicionales. Para valorar la importancia de este dato, cabe puntualizar que, tres meses después de la retirada de la CPAP, ningún paciente de este grupo del estudio mantuvo la condición de respondedor al tratamiento.

“Lo que resultó particularmente sorprendente fue tanto la magnitud de este efecto como su durabilidad. Observamos una alta proporción de pacientes que mantenían el control de la enfermedad tras la retirada del tratamiento. Esto sugiere que la terapia posicional puede ir más allá del control de los síntomas, ofreciendo una estrategia capaz de modificar el comportamiento del sueño subyacente y reducir, potencialmente, la dependencia del tratamiento a largo plazo”, argumenta Irene Cano Pumarega.

Estos hallazgos, según la investigadora del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, resaltan la importancia de “avanzar hacia un enfoque de medicina de precisión” en la apnea obstructiva del sueño (AOS), donde el tratamiento se adapte a fenotipos específicos, como la AOS posicional. “La terapia posicional representa una opción eficaz y bien tolerada que podría resolver una necesidad médica no satisfecha: la de aquellos pacientes con AOS posicional que no toleran la CPAP y que, a menudo, se quedan sin tratamiento”, reflexiona.

Desde la perspectiva del sistema sanitario, este enfoque, según la experta, podría tener también “implicaciones significativas”, ya que si se implementara en los sistemas de salud pública “podría reducir costes al minimizar la necesidad del uso de dispositivos a largo plazo, los recursos de seguimiento y el soporte humano que requiere la gestión de la CPAP”.

No obstante, y aunque los hallazgos sugieren que este efecto puede persistir durante al menos un año tras la retirada del tratamiento, la autora principal del estudio reconoce que aún se necesita más investigación para comprender su durabilidad a largo plazo. En ese sentido, el equipo del Estudio PAVLOV ya está centrado en determinar la durabilidad a largo plazo de este efecto de condicionamiento y si llegado el caso tuviese lugar un fenómeno de «extinción» del mismo. En paralelo, otro objetivo de los investigadores es identificar los factores clínicos, antropométricos y relacionados con el sueño que permitan predecir qué pacientes responderán a la terapia posicional y mantendrán este efecto a lo largo del tiempo. “Esto nos permitirá definir mejor los perfiles de los «respondedores» y seleccionar a los pacientes con mayor probabilidad de beneficiarse de este enfoque, ya que, en última instancia, nuestra meta es incorporar estos hallazgos en las guías clínicas y avanzar hacia una estrategia de tratamiento más personalizada para la apnea obstructiva del sueño”, concluye.

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