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Pequeños refugios para que vuelvan las mariposas: una red de jardines crece en Ibiza y Formentera

Formentera suma en Sant Ferran un nuevo espacio pensado para ofrecer alimento y refugio a mariposas, abejas y otros polinizadores. La actuación forma parte de un proyecto que desde 2024 ha impulsado la plantación de cerca de 2.000 plantas aromáticas y nutricias en las Pitiusas.

Unas plantas de romero pueden parecer poca cosa frente a un problema tan enorme como la pérdida de biodiversidad.

También unas lavandas, un pequeño grupo de salvias o varias matas de tomillo.

Pero para una mariposa, una abeja u otro insecto polinizador, encontrar en medio de un territorio transformado un lugar donde alimentarse puede marcar una diferencia.

Con esa filosofía están apareciendo en Ibiza y Formentera pequeños espacios específicamente pensados para ellos.

El último acaba de llegar a Sant Ferran, en Formentera, donde este sábado 26 de septiembre se ha desarrollado una nueva actuación del proyecto Mariposas para la Biodiversidad, impulsado por Ibiza & Formentera Preservation.

La iniciativa pretende algo aparentemente sencillo: recuperar pequeños espacios utilizando plantas capaces de proporcionar alimento y hábitat a mariposas y otros polinizadores.

Pero la plantación de Sant Ferran no es una actuación aislada. Forma parte de una historia que comenzó en 2024 y que poco a poco está dejando diferentes refugios repartidos por las dos islas.

Cerca de 2.000 plantas para crear pequeños oasis

Desde el inicio del proyecto se han plantado cerca de 2.000 plantas aromáticas y nutricias en Ibiza y Formentera.

Romero, tomillo, lavanda, salvia, santolina, hinojo o perejil son algunas de las especies utilizadas en diferentes actuaciones.

La elección no responde únicamente a criterios estéticos. Las plantas se seleccionan buscando que estos espacios puedan proporcionar recursos a las mariposas durante distintas fases de su ciclo vital y ofrecer néctar y alimento a diferentes polinizadores.

El objetivo es crear pequeños puntos de biodiversidad. Una especie de estaciones de servicio naturales para insectos que necesitan encontrar alimento y lugares adecuados para desarrollarse.

Y hacerlo, además, mediante vegetación adaptada a las condiciones ambientales de las islas.

El segundo refugio de este tipo en Formentera

El nuevo jardín de Sant Ferran es el segundo espacio para mariposas creado en Formentera dentro de esta iniciativa.

El primero nació casi un año antes. En octubre de 2025, alrededor de quince personas participaron en una plantación comunitaria en la finca de Cas Majoral.

Aquel día se introdujeron unas 500 plantas aromáticas y nutricias, creando el primer jardín específico para mariposas de la isla dentro del proyecto.

La experiencia de Formentera se incorporaba así a una iniciativa que había comenzado previamente en Ibiza.

Una de las primeras grandes actuaciones se desarrolló en noviembre de 2024, cuando 25 voluntarios plantaron más de 650 ejemplares en un jardín diseñado incluso con forma de mariposa. Desde entonces se han sucedido nuevas intervenciones.

El resultado empieza a dibujar algo más interesante que la suma de varios jardines independientes: una pequeña red de espacios pensados para favorecer a los polinizadores.

Cuando un jardín deja de ser solamente decoración

La diferencia está en el propósito. Un jardín convencional suele diseñarse pensando fundamentalmente en las personas. Debe ser bonito, agradable y fácil de mantener.

Un jardín para polinizadores introduce otra pregunta: ¿qué necesitan los que van a utilizarlo?

Eso obliga a mirar el espacio desde otra perspectiva. No todas las plantas proporcionan los mismos recursos ni cumplen la misma función. Algunas pueden aportar néctar; otras resultan importantes para determinadas fases de desarrollo de las mariposas.

El proyecto incorpora además criterios relacionados con la regeneración del suelo y el aprovechamiento del agua, una cuestión especialmente relevante en territorios insulares sometidos a periodos de escasez hídrica.

La intención es que biodiversidad y adaptación al entorno formen parte del mismo diseño.

Los vecinos también forman parte del proyecto

Hay otro componente que distingue estas actuaciones. Los jardines se crean mediante jornadas participativas y voluntariado.

La plantación se convierte así también en una actividad de educación ambiental. Quien participa no solo coloca una planta en el suelo. Puede descubrir por qué está plantando precisamente esa especie, qué animales pueden utilizarla o por qué conservar pequeños hábitats resulta importante incluso dentro de zonas habitadas.

Ese componente comunitario permite que un problema habitualmente explicado mediante grandes cifras —la pérdida de biodiversidad— pueda observarse a una escala mucho más cercana.

Un jardín.

Una planta.

Una mariposa.

Contar mariposas para saber qué está ocurriendo

Plantar es solamente una parte del trabajo. El proyecto contempla también el seguimiento de poblaciones de mariposas y su vinculación con iniciativas de monitorización como el European Butterfly Monitoring Scheme (eBMS). Esta parte es especialmente importante.

Crear un jardín para polinizadores es una intervención positiva desde el punto de vista ambiental y educativo, pero para saber cuál es su efecto real resulta necesario observar qué ocurre después. Cuántas mariposas aparecen. Qué especies lo utilizan. Cómo evolucionan sus poblaciones.

Y si estos pequeños espacios terminan desempeñando la función para la que fueron concebidos.

Por eso todavía es demasiado pronto para afirmar que el nuevo jardín de Sant Ferran haya provocado un aumento de mariposas. Acaba de nacer. Ahora comienza precisamente la parte más interesante: observar quién llega.

Una señal de alerta en las Pitiusas

La iniciativa surge además en un contexto de preocupación por la evolución de estos insectos. Ibiza & Formentera Preservation ha advertido, a partir de datos de su Observatorio de Sostenibilidad, de una posible reducción muy importante de las mariposas observadas en las Pitiusas durante los últimos años.

La organización ha llegado a señalar que la pérdida podría alcanzar el 59% en un periodo de tres años.

La cifra debe interpretarse con prudencia: se trata de una estimación comunicada por la propia entidad y no significa que pueda afirmarse que seis de cada diez mariposas de Ibiza y Formentera hayan desaparecido de manera definitiva.

Pero sí refuerza una preocupación que trasciende a las islas. Las mariposas son especialmente sensibles a las alteraciones ambientales y se utilizan como uno de los grupos indicadores para observar cambios en los ecosistemas. Y protegerlas significa también mirar hacia el conjunto de los polinizadores.

Muchas intervenciones pequeñas frente a un problema enorme

Nadie puede resolver la pérdida global de biodiversidad plantando unas lavandas. Tampoco un jardín aislado puede restaurar por sí solo un ecosistema. Pero esa no es la dimensión más interesante de lo que está ocurriendo en Ibiza y Formentera.

La idea es multiplicar pequeños espacios. Crear lugares donde antes no los había. Recuperar plantas útiles para los insectos. Observar qué ocurre. Y hacer que la población participe directamente en el proceso.

Desde 2024, esa suma se aproxima ya a las 2.000 plantas. El nuevo jardín de Sant Ferran añade ahora otro punto al mapa. Quizá su éxito no pueda medirse inmediatamente por el número de plantas que se han colocado este fin de semana.Habrá que esperar.

Y mirar. Porque la verdadera buena noticia llegará cuando las primeras mariposas empiecen a utilizarlo.

Por qué esta noticia es importante

Los polinizadores desempeñan un papel esencial en los ecosistemas y están sometidos a múltiples presiones. La experiencia de Ibiza y Formentera muestra cómo pequeñas actuaciones locales pueden combinar restauración de hábitats, participación ciudadana, educación ambiental y seguimiento científico.

Su valor no está en presentar estos jardines como una solución milagrosa, sino en demostrar que también es posible intervenir a pequeña escala y construir progresivamente espacios más favorables para la biodiversidad.

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