Un equipo de las universidades de Sevilla y Huelva ha comprobado que determinados tratamientos físicos pueden facilitar que una mayor cantidad de los carotenoides presentes en la microalga Chlorella sorokiniana quede disponible durante el proceso digestivo.
La investigación fue publicada este año en la revista científica Food Chemistry y ha sido divulgada este 20 de septiembre por Fundación Descubre, que señala que, en determinadas condiciones experimentales, la cantidad de carotenoides disponible para su aprovechamiento llegó a multiplicarse hasta por 26 respecto a muestras sin tratar.
El estudio aborda uno de los principales obstáculos para aprovechar estos compuestos de las microalgas: la resistencia de su pared celular. Aunque Chlorella sorokiniana contiene carotenoides de interés, una parte puede permanecer encerrada en sus células durante la digestión y, por tanto, no quedar disponible para una posible absorción posterior.
Dos técnicas físicas para debilitar la pared celular
Los investigadores analizaron dos procedimientos: los ultrasonidos y el molino de bolas.
El primero utiliza ondas de alta frecuencia para favorecer la ruptura de las estructuras celulares. El segundo somete la biomasa a impactos mecánicos mediante pequeñas bolas que ayudan a romper las células y liberar sus componentes.
El equipo estudió tanto una cepa silvestre de Chlorella sorokiniana como otra enriquecida en fitoeno y utilizó tres presentaciones diferentes de la biomasa: fresca, liofilizada y encapsulada en alginato.
Los resultados muestran que la eficacia de cada tratamiento depende de esas características. El molino de bolas a 30 hercios mejoró significativamente la bioaccesibilidad en determinadas matrices de la cepa silvestre, mientras que tratamientos menos intensos fueron más eficaces en algunas muestras enriquecidas en fitoeno o encapsuladas.
Eso significa que no existe un único procedimiento óptimo para todas las presentaciones de la microalga: el tratamiento debe adaptarse al tipo concreto de biomasa.
Una digestión simulada en laboratorio
Para conocer qué cantidad de carotenoides quedaba disponible durante la digestión, los científicos utilizaron el protocolo estandarizado INFOGEST, que reproduce in vitro diferentes condiciones del proceso gastrointestinal.
Tras la digestión simulada analizaron la incorporación de los carotenoides a las micelas, pequeñas estructuras implicadas en el transporte de compuestos liposolubles durante la digestión.
Es importante diferenciar aquí dos conceptos. La investigación estudia la bioaccesibilidad, es decir, la proporción del compuesto que queda disponible después de la digestión para poder ser potencialmente absorbido. No demuestra cuánto terminaría absorbiendo realmente una persona ni prueba beneficios clínicos derivados de su consumo.
Esta distinción resulta esencial porque el experimento se ha realizado en laboratorio y no mediante un ensayo de alimentación en seres humanos.
La grasa del yogur también mejoró los resultados
Otra parte del estudio analizó qué ocurría cuando las muestras se combinaban con yogur con un 10 % de grasa.
Los resultados muestran que esta incorporación aumentó la presencia de carotenoides en las micelas, especialmente en el caso de compuestos muy hidrofóbicos como el alfa-caroteno y el beta-caroteno.
También se comprobó que las formas liofilizadas y encapsuladas podían presentar una mayor bioaccesibilidad que la biomasa fresca en determinadas condiciones.
El trabajo ofrece así diferentes estrategias —ruptura celular, liofilización, encapsulación o incorporación de grasa— para intentar mejorar el aprovechamiento de los carotenoides procedentes de microalgas.
Un paso hacia posibles aplicaciones alimentarias
Los resultados podrían ser útiles para futuras investigaciones dirigidas al desarrollo de alimentos funcionales, preparados nutricionales u otros productos que utilicen carotenoides procedentes de microalgas.
No significa, sin embargo, que exista ya un nuevo alimento con efectos saludables demostrados ni que estos tratamientos hayan probado beneficios clínicos en personas.
El avance está en otro lugar: los investigadores han identificado formas de superar parcialmente una de las barreras que dificultan aprovechar los carotenoides presentes en Chlorella sorokiniana.
El estudio está firmado por Ángeles Morón-Ortiz, Paula Mapelli-Brahm, Antonio León-Vaz, Rosa León y Antonio Jesús Meléndez-Martínez, investigadores vinculados a las universidades de Sevilla y Huelva.
Por qué esta noticia es importante
La investigación ayuda a entender cómo el procesamiento de una microalga puede modificar la cantidad de sus carotenoides que queda disponible durante la digestión. Es un paso experimental que puede servir de base para futuros desarrollos alimentarios, aunque todavía serán necesarios nuevos estudios para determinar su comportamiento y sus posibles efectos en personas.
