Dos pequeños arroyos de la provincia de Huelva han completado un proceso de restauración destinado a devolverles unas condiciones más próximas a su funcionamiento natural.
La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha concluido las intervenciones realizadas en el arroyo de Rioseco, en Almonte, y el arroyo de La Cárcava, en Bollullos Par del Condado, con una inversión conjunta cercana a los 500.000 euros. Ambos forman parte de un programa más amplio de restauración fluvial de la cuenca del Guadalquivir y están vinculados territorial y ecológicamente al entorno de Doñana.
La actuación de mayor envergadura se ha desarrollado en Rioseco, donde se han destinado más de 337.000 euros. Los trabajos han permitido retirar grandes extensiones de cañaveral y otras especies invasoras, realizar intervenciones para mejorar la morfología del cauce y plantar vegetación autóctona de ribera.
En La Cárcava, la inversión ronda los 157.000 euros y se ha dirigido a recuperar las condiciones ambientales del arroyo y reducir problemas asociados a su degradación.
Sustituir especies invasoras por vegetación propia de la ribera
Una de las claves de la intervención es la retirada de vegetación invasora.
El programa del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico contempla precisamente entre sus actuaciones la eliminación de especies exóticas, la recuperación de la dinámica geomorfológica de los cauces, técnicas naturales para reducir riesgos de avenidas y la reforestación con especies autóctonas de ribera. Rioseco y La Cárcava aparecen expresamente entre los cauces seleccionados en la provincia de Huelva.
En Rioseco, las masas de cañas retiradas serán sustituidas por vegetación como fresnos, álamos y tarajes, según explicó durante la visita a las actuaciones la comisionada del Ciclo del Agua y Restauración de Ecosistemas, Laura Martín Murillo.
Esta sustitución tiene una doble finalidad: favorecer comunidades vegetales propias del ecosistema fluvial y reducir la presencia de especies invasoras que compiten por recursos y pueden alterar el funcionamiento del cauce.
Recuperar el funcionamiento natural de los arroyos
La restauración fluvial no consiste únicamente en plantar árboles. El proyecto general busca recuperar procesos naturales en ríos y arroyos que han sufrido alteraciones. Entre las intervenciones previstas se encuentran la mejora del transporte de sedimentos, la eliminación de obstáculos, la recuperación de continuidad ecológica, la estabilización de zonas erosionadas y el uso de soluciones basadas en la naturaleza frente al riesgo de inundación.
En Rioseco se han realizado también movimientos de tierra para mejorar la configuración del cauce. La CHG señala que estas actuaciones contribuyen a recuperar su funcionalidad ecológica y su capacidad hidráulica.
Conviene, sin embargo, distinguir entre las actuaciones realizadas y sus efectos a largo plazo. La retirada de especies invasoras, la restauración morfológica y las plantaciones están ya terminadas. En cambio, cuestiones como el aumento de la biodiversidad, la consolidación de la vegetación o la reducción efectiva del riesgo de inundación deberán comprobarse con la evolución posterior del ecosistema.
Parte de una restauración mucho mayor
Las dos intervenciones forman parte del proyecto “Trabajos de mejora y consolidación ecológica y reducción natural de los riesgos de inundación del Dominio Público Hidráulico en cauces de la cuenca del Guadalquivir”.
El programa comenzó en marzo de 2025 y cuenta con un presupuesto total de 6.086.803,60 euros, financiado con fondos europeos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia dentro de Next Generation EU.
El MITECO incluyó en su planificación varios cauces de Huelva, entre ellos La Cárcava y Almonte-Rioseco, dentro de una actuación que abarca diferentes provincias de la demarcación del Guadalquivir.
La finalización de los dos trabajos onubenses ofrece así un resultado concreto dentro de una estrategia mucho más amplia de recuperación de ecosistemas fluviales.
Por qué esta noticia es importante
Los grandes espacios naturales no funcionan de manera aislada. Su estado también depende de pequeños cauces, corredores ecológicos y ecosistemas de ribera situados en su entorno.
La recuperación de Rioseco y La Cárcava no resuelve por sí sola los grandes desafíos ambientales de Doñana, pero sí supone una intervención tangible sobre dos elementos de su territorio próximo: se han eliminado invasoras, recuperado vegetación autóctona y mejorado físicamente unos cauces degradados.
Y, frente a muchos anuncios ambientales que describen actuaciones futuras, en este caso los trabajos ya han finalizado.
